Isaac Baley gana el Premio Fundación Banco Sabadell por explicar cómo empresas y trabajadores se adaptan al cambio

La Fundación Banco Sabadell ha concedido su XXV Premio a la Investigación Económica a Isaac Baley, profesor de Economía de la Universitat Pompeu Fabra, por una trayectoria dedicada a estudiar cómo la incertidumbre, los costes de ajuste, la información imperfecta y el cambio tecnológico condicionan las decisiones de empresas y trabajadores y terminan afectando al conjunto de la economía.
Una economía puede cambiar en cuestión de semanas.
Los tipos de interés suben.
Aparece una nueva tecnología.
Se modifica una regulación.
Cambia la demanda.
O una crisis altera de forma repentina las expectativas de consumidores y empresas.
Sin embargo, quienes participan en esa economía no pueden reaccionar necesariamente a la misma velocidad.
Una empresa puede necesitar meses antes de decidir una nueva inversión.
Un trabajador puede tardar en encontrar otro empleo.
Y una habilidad profesional adquirida durante años puede no trasladarse fácilmente hacia una ocupación diferente.
Comprender esa distancia entre la velocidad a la que cambia el entorno y la velocidad a la que pueden adaptarse empresas y trabajadores constituye una de las grandes líneas de investigación del economista Isaac Baley.
La Fundación Banco Sabadell ha reconocido esta trayectoria con el XXV Premio Fundación Banco Sabadell a la Investigación Económica.
Isaac Baley, premiado por conectar decisiones individuales y macroeconomía
Baley es profesor de Economía en la Universitat Pompeu Fabra (UPF), profesor afiliado de la Barcelona School of Economics e investigador asociado del Centre de Recerca en Economia Internacional.
Su trabajo intenta explicar cómo decisiones tomadas individualmente por compañías y trabajadores terminan acumulándose hasta producir efectos visibles sobre toda la economía.
El jurado ha destacado especialmente su contribución a la macroeconomía mediante modelos que incorporan la heterogeneidad existente entre empresas y entre trabajadores.
Esta distinción es importante.
Una economía no está compuesta por una empresa representativa y un trabajador representativo que reaccionan de forma idéntica ante cada cambio.
Hay compañías grandes y pequeñas.
Empresas muy endeudadas y otras con elevada liquidez.
Trabajadores altamente especializados y profesionales con habilidades fácilmente transferibles.
Sectores donde modificar precios resulta relativamente sencillo y otros donde cambiar una decisión implica asumir costes elevados.
La economía real no se adapta de forma instantánea
Una de las ideas centrales de la investigación de Baley es precisamente que adaptarse tiene costes.
Cuando aparece nueva información, una empresa no necesariamente modifica inmediatamente sus precios, inversiones o procesos productivos.
Puede existir incertidumbre.
Información incompleta.
Costes administrativos.
Compromisos contractuales.
O decisiones anteriores difíciles de revertir.
Estas limitaciones se conocen habitualmente como fricciones económicas.
Su existencia ayuda a explicar por qué dos empresas sometidas al mismo cambio pueden reaccionar de formas completamente diferentes.
Invertir hoy implica decidir sin conocer completamente el futuro
La inversión empresarial constituye uno de los campos donde esta incertidumbre resulta especialmente visible.
Construir una fábrica.
Comprar maquinaria.
Contratar empleados.
Desarrollar un nuevo producto.
O transformar un proceso productivo exige comprometer recursos antes de conocer con certeza cuál será el resultado.
Parte de esas decisiones puede además resultar difícil de deshacer posteriormente.
Una empresa que duda sobre la evolución futura de la demanda puede decidir retrasar una inversión incluso aunque el proyecto resulte atractivo sobre el papel.
La irreversibilidad cambia la forma de tomar decisiones
Cuanto más difícil sea revertir una decisión, mayor puede ser el valor de esperar antes de ejecutarla.
Esta idea permite entender por qué un aumento de la incertidumbre no siempre provoca una caída inmediata de la actividad, pero sí puede ralentizar decisiones de inversión.
La compañía puede preferir obtener más información antes de comprometer capital.
Cuando este comportamiento aparece simultáneamente en miles de empresas, una decisión aparentemente individual puede terminar afectando al crecimiento agregado.
La información imperfecta también influye en los precios
Las empresas tampoco conocen de manera inmediata todo lo que está ocurriendo en el mercado.
Pueden observar que sus costes aumentan, pero no saber si el movimiento será temporal.
Pueden detectar una caída de ventas sin conocer todavía si responde a una pérdida de competitividad, un cambio general de demanda o una perturbación puntual.
Modificar precios ante cada pequeña señal puede resultar igualmente costoso.
La investigación de Baley estudia cómo esta información imperfecta y los costes de ajuste afectan a la forma en la que las compañías fijan precios.
Las decisiones individuales terminan afectando a la inflación
Esta cuestión conecta directamente la microeconomía empresarial con grandes variables macroeconómicas.
Si las empresas modifican sus precios de manera diferente y a velocidades distintas, un shock económico puede propagarse de formas muy diferentes.
Algunos cambios pueden absorberse con rapidez.
Otros pueden permanecer durante más tiempo.
Por eso comprender el comportamiento de las compañías resulta relevante para analizar cuestiones como inflación, política monetaria o respuesta de la economía ante una crisis.
Los trabajadores tampoco pueden cambiar de ocupación inmediatamente
La segunda gran dimensión de esta investigación aparece en el mercado laboral.
Cuando una empresa reduce actividad o una tecnología modifica una profesión, los trabajadores afectados no se trasladan automáticamente hacia la siguiente oportunidad disponible.
Buscar empleo requiere tiempo.
Encontrar una vacante adecuada requiere información.
Cambiar de ciudad puede ser difícil.
Y las competencias adquiridas en una profesión no siempre pueden utilizarse directamente en otra.
Las habilidades son una parte fundamental del problema
El cambio tecnológico resulta especialmente útil para observar esta dinámica.
Una nueva tecnología puede aumentar la productividad de determinados trabajadores y reducir simultáneamente la demanda de otras tareas.
El resultado dependerá en parte de hasta qué punto las competencias existentes puedan adaptarse a la nueva realidad.
Un profesional puede aprender nuevas herramientas con relativa rapidez.
Otro puede necesitar una formación completamente diferente.
Y determinadas actividades pueden desaparecer mientras surgen otras nuevas.
La inteligencia artificial vuelve especialmente actual esta investigación
La expansión de la inteligencia artificial proporciona un ejemplo evidente de este problema.
Las empresas están incorporando herramientas capaces de automatizar tareas, analizar información o ejecutar determinados procesos.
Pero adoptar una tecnología no consiste únicamente en comprar software.
También exige modificar procesos, formar empleados, rediseñar responsabilidades e integrar las nuevas herramientas dentro de sistemas existentes.
En TerritorioFintech hemos analizado cómo Fujitsu está utilizando IA agéntica para transformar el soporte tecnológico y reducir el tiempo que los empleados dedican a resolver incidencias.
Este tipo de proyectos muestra precisamente que la productividad tecnológica depende también de cómo se reorganiza el trabajo alrededor de la tecnología.
Adoptar una tecnología y obtener productividad no son lo mismo
Una empresa puede instalar una nueva herramienta y no obtener inmediatamente todo su potencial.
Los trabajadores necesitan aprender.
Los procesos tienen que adaptarse.
Los sistemas deben integrarse.
Y la organización puede necesitar experimentar antes de descubrir la mejor manera de utilizarla.
Estos costes de transición ayudan a explicar por qué algunas innovaciones tardan años en reflejarse plenamente en las estadísticas de productividad.
Las pequeñas empresas afrontan además limitaciones diferentes
La heterogeneidad empresarial vuelve a resultar relevante.
Una gran compañía puede disponer de especialistas, infraestructura tecnológica y presupuesto suficiente para experimentar con nuevas herramientas.
Una pequeña empresa puede enfrentarse a restricciones de tiempo, financiación o conocimiento.
En TerritorioFintech hemos visto esta diferencia al analizar los programas de Google para enseñar a pequeñas empresas a incorporar inteligencia artificial en tareas cotidianas.
La misma tecnología puede tener, por tanto, efectos muy diferentes dependiendo de las características iniciales de cada compañía.
Una misma política económica tampoco afecta a todos por igual
Esta diversidad tiene consecuencias importantes para los responsables de diseñar políticas públicas.
Una subida de impuestos.
Una ayuda a la inversión.
Una reforma laboral.
O un cambio en los tipos de interés puede generar respuestas diferentes dependiendo de qué empresa o trabajador recibe el impacto.
La investigación de Baley intenta precisamente incorporar estas diferencias dentro del análisis económico.
El objetivo es evitar interpretar la economía exclusivamente mediante grandes promedios que pueden ocultar comportamientos muy distintos.
Los datos microeconómicos permiten observar qué hay debajo de los agregados
Una de las características destacadas por el jurado es el uso de datos microeconómicos.
En lugar de limitarse a observar variables agregadas como PIB, empleo o inversión total, este tipo de investigación puede estudiar decisiones tomadas por empresas y trabajadores concretos.
Esto permite analizar cómo se distribuyen las respuestas.
Qué compañías invierten.
Cuáles esperan.
Quién cambia de trabajo.
Qué habilidades se transfieren.
Y qué grupos experimentan mayores dificultades de adaptación.
Comprender estas diferencias puede mejorar el diseño de las políticas
El jurado considera que este enfoque puede ayudar a anticipar mejor las consecuencias de determinadas medidas económicas.
También puede servir para analizar cómo se asigna el capital y estudiar las diferentes disyuntivas asociadas a reformas impositivas.
La cuestión es especialmente importante cuando una política produce beneficios agregados pero distribuye sus costes de forma desigual.
Dos medidas con un impacto parecido sobre el PIB pueden tener consecuencias muy diferentes sobre determinados sectores, empresas o trabajadores.
La movilidad laboral condiciona el impacto del cambio tecnológico
Una de las áreas estudiadas por Baley es precisamente la movilidad entre ocupaciones.
Cuando una tecnología modifica la demanda de determinadas tareas, parte de la respuesta dependerá de la facilidad con la que los trabajadores puedan trasladarse hacia otras actividades.
Si las competencias son altamente transferibles, la transición puede ser relativamente rápida.
Si no lo son, el proceso puede generar periodos prolongados de desempleo, pérdida salarial o necesidad de reciclaje profesional.
Formar trabajadores puede reducir algunas fricciones, pero no eliminarlas
La formación suele presentarse como una de las principales respuestas al cambio tecnológico.
Puede mejorar la capacidad de adaptación, pero tampoco convierte cualquier competencia en inmediatamente transferible.
Aprender nuevas herramientas requiere tiempo.
Las empresas necesitan saber qué capacidades necesitarán.
Y los trabajadores deben decidir si la inversión en formación tiene sentido dentro de su trayectoria profesional.
Todo ello introduce nuevas decisiones bajo incertidumbre.
Los datos aparecen como una tercera línea de investigación
El trabajo de Baley incorpora además otra cuestión especialmente relevante para la economía digital: el valor económico de los datos.
Los datos pueden mejorar las predicciones de una empresa.
Reducir incertidumbre.
Facilitar decisiones.
Y aumentar productividad.
Pero su acumulación también puede modificar la competencia.
Una compañía que dispone de mucha más información puede desarrollar ventajas difíciles de replicar por nuevos participantes.
Los datos tienen valor porque reducen incertidumbre
Desde una perspectiva económica, disponer de información permite tomar mejores decisiones.
Una empresa que conoce mejor la demanda puede ajustar inventarios con mayor precisión.
Una entidad financiera que dispone de información más completa puede estimar mejor determinados riesgos.
Una compañía digital puede personalizar productos si conoce mejor las preferencias de sus usuarios.
El dato se convierte así en un recurso productivo.
Pero el control de los datos también puede alterar la competencia
Esta misma ventaja introduce un segundo problema.
Si los datos relevantes quedan concentrados en pocas compañías, pueden aparecer barreras de entrada.
Los nuevos competidores parten con menos información.
Eso puede dificultar que desarrollen productos igualmente eficientes o personalizados.
Por tanto, la economía de los datos obliga a estudiar simultáneamente productividad y competencia.
“The Data Economy” recoge esta línea de trabajo
Esta agenda de investigación se encuentra también en “The Data Economy: Tools and Applications”, libro escrito por Isaac Baley junto a Laura Veldkamp y publicado por Princeton University Press en 2025.
La obra analiza el papel de los datos como recurso económico y las herramientas necesarias para estudiar su impacto.
La cuestión resulta cada vez más relevante en una economía donde inteligencia artificial, plataformas digitales y automatización dependen de grandes cantidades de información.
La economía digital hace todavía más importante entender la información
La inteligencia artificial constituye un ejemplo especialmente claro.
Los modelos pueden ser accesibles para numerosas empresas.
Pero la calidad y especificidad de los datos disponibles puede determinar qué compañía consigue extraer más valor de ellos.
Dos organizaciones utilizando una tecnología similar pueden obtener resultados distintos si una dispone de información mejor estructurada, procesos más digitalizados o conocimiento más preciso sobre sus clientes.
El premio reconoce una trayectoria y no una única investigación
El Premio Fundación Banco Sabadell a la Investigación Económica reconoce la trayectoria investigadora de Baley en estas áreas.
Sus trabajos han aparecido en publicaciones académicas internacionales como Econometrica, Journal of Political Economy y The Review of Economic Studies.
Su trayectoria ha recibido además apoyos competitivos como una Marie Curie Fellowship y un ERC Starting Grant.
De México a Barcelona pasando por Nueva York
Isaac Baley nació en México y realizó su doctorado en Economía en la Universidad de Nueva York (NYU).
Anteriormente cursó un máster en Teoría Económica en el Instituto Tecnológico Autónomo de México.
Actualmente desarrolla buena parte de su actividad académica en Barcelona desde la Universitat Pompeu Fabra.
También está vinculado a la Barcelona School of Economics, al CREI y al Centre for Economic Policy Research.
La formación de nuevos economistas forma también parte de su trayectoria
La Fundación Banco Sabadell destaca además su participación en la formación académica.
Baley ha dirigido diferentes tesis doctorales y es responsable de Innovación Docente del Departamento de Economía y Empresa de la UPF.
Desde esa posición trabaja en nuevas metodologías de aprendizaje y programas de mentoría para estudiantes.
En 2026 recibió además un reconocimiento a la excelencia dentro del Programa de Innovación Docente de la universidad.
Previamente había obtenido el Excellence in Teaching Award de la European Economic Association en 2022.
El Premio Fundación Banco Sabadell cumple 25 ediciones
La edición de 2026 tiene además un carácter especial.
El galardón alcanza su vigesimoquinta edición.
Creado en 2001, reconoce cada año a investigadores de hasta 42 años cuya actividad científica haya realizado una contribución destacada al análisis económico.
El premio se ha convertido así en una herramienta de reconocimiento al talento investigador emergente.
La entrega tendrá lugar el 5 de octubre en Oviedo
Josep Oliu, presidente de Banco Sabadell y de la Fundación Banco Sabadell, entregará el galardón el próximo 5 de octubre en Oviedo.
El acto reunirá a representantes institucionales y profesionales del ámbito económico y empresarial.
La Fundación considera que el trabajo de Baley combina rigor académico con problemas que afectan directamente a la toma de decisiones económicas y al diseño de políticas públicas.
El jurado reúne a economistas de diferentes áreas
El jurado de esta vigesimoquinta edición está presidido por Teresa García-Milà.
También participan Javier Andrés, Antonio Cabrales, Bruno Cassiman, Natalia Fabra, Nagore Iriberri, Núria Mas, Diego Puga y Marta Reynal-Querol.
La selección refleja el carácter académico del reconocimiento y su orientación hacia investigación económica con impacto internacional.
¿Por qué importa estudiar las fricciones?
En un modelo económico completamente flexible, empresas y trabajadores responderían inmediatamente a cualquier nueva información.
La realidad funciona de otra manera.
Hay contratos.
Costes.
Información imperfecta.
Competencias difíciles de trasladar.
Inversiones irreversibles.
Y decisiones que requieren tiempo.
Estas fricciones determinan cuánto tarda la economía en absorber un cambio.
Dos crisis similares pueden producir efectos completamente distintos
Si empresas y trabajadores parten de situaciones diferentes, un mismo shock puede propagarse de manera distinta dependiendo del momento en que aparece.
Una compañía con mucha liquidez puede continuar invirtiendo.
Otra con restricciones financieras puede detener proyectos.
Un trabajador con competencias demandadas puede cambiar rápidamente de empleo.
Otro puede necesitar meses de formación.
Los resultados agregados dependen de la suma de todas estas respuestas.
La incertidumbre puede ser tan importante como el propio shock
Una de las implicaciones más interesantes es que no siempre hace falta que ocurra algo negativo para que cambie el comportamiento económico.
La posibilidad de que ocurra puede ser suficiente.
Si una empresa desconoce qué ocurrirá con regulación, demanda o tecnología, puede retrasar decisiones.
Esa espera reduce temporalmente inversión o contratación.
La incertidumbre se convierte así en una variable económica por derecho propio.
La investigación resulta especialmente relevante en una época de cambios rápidos
Inteligencia artificial.
Automatización.
Transición energética.
Cambios demográficos.
Nuevos modelos de trabajo.
Y tensiones geoeconómicas están modificando simultáneamente múltiples áreas de la economía.
La cuestión ya no es únicamente qué tecnologías o políticas terminan imponiéndose.
También importa cuánto tardan las organizaciones y las personas en adaptarse a ellas.
La velocidad de adaptación puede determinar quién gana y quién pierde
Dos empresas pueden recibir acceso a la misma innovación y obtener resultados completamente diferentes.
La que dispone de mejores datos, trabajadores preparados y capacidad para reorganizar sus procesos puede capturar antes los beneficios.
La otra puede experimentar temporalmente mayores costes que ventajas.
Esta diferencia puede acabar afectando a productividad, salarios, inversión y competencia.
Para los trabajadores, la cuestión es qué habilidades seguirán siendo transferibles
El cambio tecnológico tampoco sustituye necesariamente profesiones completas de una sola vez.
Puede modificar tareas concretas.
Algunas desaparecen.
Otras ganan importancia.
Y aparecen nuevas combinaciones de competencias.
Analizar la movilidad ocupacional permite comprender qué trabajadores pueden adaptarse con mayor facilidad y qué grupos pueden necesitar políticas específicas de formación o transición.
Diseñar una política económica requiere entender estas diferencias
La principal aplicación de esta investigación aparece precisamente cuando los responsables públicos tienen que decidir cómo intervenir.
Una política diseñada sobre el comportamiento de un agente promedio puede ignorar diferencias importantes.
La heterogeneidad puede determinar quién responde a un incentivo, quién queda fuera y qué efectos secundarios aparecen.
Incorporar estas diferencias permite intentar diseñar intervenciones más precisas.
Isaac Baley recibe un premio por estudiar la economía que existe debajo de los promedios
El XXV Premio Fundación Banco Sabadell a la Investigación Económica reconoce una trayectoria que intenta comprender precisamente lo que los grandes indicadores no siempre muestran.
Detrás de la inversión agregada existen miles de compañías decidiendo si esperan o ejecutan un proyecto.
Detrás de la tasa de empleo existen trabajadores buscando oportunidades y trasladando, o intentando trasladar, sus capacidades entre ocupaciones.
Y detrás de la productividad existen organizaciones aprendiendo cómo utilizar nuevos datos y tecnologías.
El trabajo de Isaac Baley conecta estas decisiones individuales con la evolución del conjunto de la economía.
La idea central resulta especialmente pertinente en 2026.
Las economías están afrontando cambios tecnológicos cada vez más rápidos, pero ni las empresas ni las personas pueden transformarse instantáneamente.
Comprender qué ralentiza esa adaptación, quién puede ajustarse con mayor facilidad y cómo esas diferencias modifican el impacto de las políticas económicas puede resultar tan importante como comprender el cambio inicial.
Porque cuando el entorno se transforma rápidamente, una parte decisiva de la economía depende de algo menos visible: el tiempo, el coste y la capacidad que tienen empresas y trabajadores para adaptarse.
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