El Estrecho de Ormuz aterroriza al sector financiero

El Estrecho de Ormuz crea miedo que paraliza los mercados. Tiene 33 kilómetros de ancho. Por ahí pasan cada día entre 17 y 21 millones de barriles de petróleo, el 20% del suministro mundial. Es un punto geográfico que aterroriza al sector financiero. ¿Por qué?
El Estrecho de Ormuz, entre Irán y Omán, es el cuello de botella energético más crítico del planeta, y su bloqueo (real o amenazado) tiene la capacidad de desestabilizar economías enteras en cuestión de días.
¿Qué pasa si cierra el Estrecho de Ormuz? La importancia de la geografía
El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha devuelto el estrecho al centro del debate financiero global. Irán ha utilizado históricamente la amenaza de cerrar Ormuz como palanca de negociación geopolítica, y los mercados lo saben.
Cada escalada bélica en la región se traduce de forma casi automática en un repunte del precio del petróleo, que encarece el transporte, presiona la inflación y obliga a los bancos centrales a recalibrar su política monetaria.
Lo que estamos viendo ahora -petróleo al alza, expectativas de subidas de tipos en Europa, pausa forzada de la Fed- es exactamente ese mecanismo en acción.
El precedente de 1973
La historia más citada no ocurrió en Ormuz, sino que tuvo el mismo efecto. En octubre de 1973, los países árabes de la OPEP decretaron un embargo petrolero contra Estados Unidos y sus aliados por su apoyo a Israel en la guerra de Yom Kipur. En seis meses, el precio del crudo se cuadruplicó.
La economía estadounidense entró en estanflación -inflación alta y crecimiento negativo simultáneos-, una combinación que los libros de texto tardaron años en saber cómo tratar. Europa sufrió racionamiento de combustible. El crecimiento global se frenó en seco.
La crisis de los petroleros, 1984-1988
Durante la guerra entre Irán e Irak, ambos países atacaron sistemáticamente buques cisterna en el Golfo Pérsico. El seguro marítimo se disparó.
Las armadas de Estados Unidos y varias potencias europeas tuvieron que escoltar convoyes de petróleo. El precio del crudo fluctuó violentamente y la incertidumbre sobre el suministro se instaló en los mercados durante años.
2019: los ataques a petroleros
En mayo y junio de 2019, varios buques cisterna sufrieron ataques atribuidos a Irán cerca del estrecho. El petróleo subió un 4% en una sola jornada. Las bolsas retrocedieron.
El episodio duró semanas pero bastó para demostrar que incluso incidentes menores en la zona generan ondas sísmicas en los mercados financieros globales.
El mecanismo de contagio
Un bloqueo de Ormuz no sólo encarece la energía. Encarece todo. El transporte marítimo global depende del petróleo. Las cadenas de suministro industriales dependen del transporte.
La inflación sube y los bancos centrales responden subiendo los tipos de interés. Ahí es donde el impacto se bifurca: quien tiene ahorros en una cuenta remunerada sale ganando, porque los bancos trasladan parte de esa subida al depositante.
Pero quien tiene una hipoteca variable, un préstamo personal o una empresa que necesita financiación sale perdiendo.
El crédito se encarece, las familias recortan el consumo, las empresas posponen inversiones y el crecimiento se contrae.
Es una cadena de transmisión que va de Ormuz al recibo de la hipoteca en pocas semanas, y de ahí a los balances de los bancos en pocos meses.
Treinta y tres kilómetros. Una cantidad impredecible de consecuencias.
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