ING lanza “Bienestar Financiero” para ayudar a ahorrar, prevenir el fraude y mejorar la gestión del dinero

ING ha creado “Bienestar Financiero”, un nuevo marco bajo el que agrupará sus iniciativas de educación financiera en España. La propuesta está dirigida tanto a clientes como a no clientes y busca mejorar el control del gasto, fomentar el ahorro, reducir el estrés financiero y ampliar la formación en áreas como prevención del fraude, capacidades digitales, inversión, empleabilidad y emprendimiento.
Gestionar correctamente el dinero no consiste únicamente en conseguir una mayor rentabilidad.
Para muchas personas, el primer desafío es mucho más básico.
Llegar a final de mes.
Controlar los gastos.
Crear una pequeña reserva.
Entender una factura.
Evitar un fraude.
O saber qué decisión tomar cuando aparece un problema financiero inesperado.
ING quiere reunir este tipo de necesidades bajo un nuevo concepto denominado “Bienestar Financiero”, con el que agrupará sus iniciativas educativas y sociales relacionadas con la gestión económica de los hogares.
La propuesta amplía la idea tradicional de educación financiera y la conecta con una cuestión cada vez más presente en el sector: cómo influye la situación económica personal en la tranquilidad cotidiana.
De educación financiera a bienestar financiero
La educación financiera suele asociarse al conocimiento de conceptos.
Tipos de interés.
Inflación.
Préstamos.
Inversión.
Ahorro.
Pero disponer de conocimientos no garantiza por sí solo una buena situación financiera.
Una persona puede comprender perfectamente qué es un presupuesto y, al mismo tiempo, disponer de unos ingresos insuficientes para ahorrar de manera recurrente.
Por ello, ING plantea un enfoque más amplio en el que conocimiento, hábitos, capacidades digitales y planificación forman parte del mismo problema.
El 58,9% de los hogares no consigue ahorrar a final de mes
La iniciativa se presenta en un contexto en el que una parte importante de los hogares continúa teniendo dificultades para generar ahorro.
Según los datos utilizados por ING, aunque la tasa de ahorro se sitúa en el 12,8%, el 58,9% de los hogares no consigue ahorrar al finalizar el mes.
La diferencia entre ambos indicadores es importante.
Una tasa agregada puede mostrar cuánto ahorra el conjunto de los hogares, pero no significa que esa capacidad esté distribuida de forma homogénea.
Algunas familias pueden ahorrar cantidades significativas mientras otras apenas disponen de margen después de afrontar sus gastos básicos.
El 42% de los hogares presenta algún nivel de endeudamiento
ING señala además que un 42% de los hogares está endeudado.
El endeudamiento no constituye necesariamente un problema por sí mismo.
Una hipoteca, por ejemplo, puede formar parte de una planificación financiera normal.
La dificultad aparece cuando las cuotas absorben una parte excesiva de los ingresos o cuando se utiliza crédito de forma recurrente para cubrir gastos cotidianos.
Comprender cuánto cuesta una deuda, durante cuánto tiempo se mantendrá y qué porcentaje de los ingresos consume forma parte de las capacidades que una buena educación financiera debería desarrollar.
España mantiene margen de mejora en conocimientos financieros
La entidad sitúa también el nivel de educación financiera en España por debajo de la media de la OCDE.
Este tipo de brecha puede tener efectos muy prácticos.
No comprender correctamente cómo funcionan los intereses puede dificultar la comparación entre préstamos.
No conocer el impacto de la inflación puede hacer que una persona interprete como totalmente seguro mantener todo su patrimonio inmovilizado.
Y no comprender el riesgo puede llevar tanto a evitar cualquier inversión como a asumir exposiciones excesivas.
El objetivo de la educación financiera no debería ser empujar hacia una decisión concreta, sino aumentar la capacidad para evaluar alternativas.
ING trabaja desde 2020 con colectivos vulnerables
“Bienestar Financiero” no parte de cero.
ING desarrolla desde 2020 diferentes programas de educación financiera orientados especialmente a personas y colectivos en situación de vulnerabilidad.
Para ello colabora con organizaciones sociales, instituciones educativas y administraciones públicas.
Entre sus principales socios aparecen Nantik Lum, UNICEF y Junior Achievement, además de diferentes ayuntamientos.
Más de 6.500 personas han participado en su acción social
Según los datos comunicados por ING, el conjunto de su acción social vinculada a educación financiera ha alcanzado ya a más de 6.500 personas.
Las iniciativas se han desarrollado en cinco ciudades:
- Madrid.
- Valencia.
- León.
- Sevilla.
- Valladolid.
Dentro de programas concretos como Faro, Crea, Progresa, Crea Digital, Generation Unlimited y Tus Finanzas Tu Futuro, la entidad cifra en más de 5.000 las personas formadas.
Ambas cifras corresponden a ámbitos de actuación comunicados por ING y no deben interpretarse necesariamente como magnitudes equivalentes.
Más de 400 empleados participan como voluntarios
La estrategia incorpora también voluntariado corporativo.
Más de 400 profesionales de ING participan ya en los diferentes programas.
El modelo permite trasladar conocimientos del sector financiero hacia colectivos que pueden disponer de menor acceso a formación especializada.
El objetivo no es únicamente explicar productos bancarios.
También se trabajan conceptos relacionados con presupuesto, ahorro, empleo, emprendimiento y capacidades digitales.
Faro, Crea, Progresa y Crea Digital cubren necesidades diferentes
La iniciativa agrupa varios programas con objetivos distintos.
Faro, Crea, Progresa, Crea Digital, Generation Unlimited y Tus Finanzas Tu Futuro forman parte del conjunto de proyectos que ING integra ahora bajo Bienestar Financiero.
La estructura permite trabajar con públicos y necesidades diferentes en lugar de utilizar un único formato para todos.
Una persona que intenta mejorar su empleabilidad puede necesitar herramientas distintas a alguien que está empezando a organizar su presupuesto familiar.
La empleabilidad también forma parte de la salud financiera
Uno de los elementos más interesantes del planteamiento de ING es que el bienestar financiero no termina en la gestión del dinero disponible.
También depende de la capacidad para generar ingresos.
Por ello, programas como Crea o Generation Unlimited incorporan componentes relacionados con empleabilidad y emprendimiento.
Desde esta perspectiva, mejorar las finanzas personales puede implicar tanto aprender a gastar mejor como aumentar las oportunidades profesionales.
ING afirma que el 70% de los jóvenes participantes ha accedido al mercado laboral
Según datos internos de la entidad, un 70% de los jóvenes alcanzados por determinados programas se ha insertado en el mercado laboral.
La cifra debe interpretarse como un resultado comunicado por ING sobre sus propias iniciativas y no como una evaluación independiente de impacto.
Aun así, muestra la orientación práctica que la entidad quiere dar a los programas.
El objetivo no se limita a completar una formación, sino a trasladar parte de esos conocimientos hacia mejoras en autonomía económica y oportunidades laborales.
El 92% habría mejorado sus conocimientos financieros
ING señala también que el 92% de los participantes evaluados ha mejorado sus conocimientos financieros.
En el caso de los profesionales sociales participantes, el banco afirma que un 96% aplica posteriormente lo aprendido en su trabajo cotidiano.
Este último dato resulta especialmente relevante porque puede ampliar indirectamente el alcance de la formación.
Un profesional social puede trabajar posteriormente con numerosas personas y trasladar parte de las herramientas adquiridas.
El 99% de las mujeres participantes habría mejorado su autonomía personal
Otro de los indicadores comunicados por ING se refiere a mujeres participantes en sus programas.
Según los datos internos de la entidad, un 99% mejora su autonomía personal.
La relación entre autonomía y educación financiera puede ser especialmente importante en situaciones de vulnerabilidad.
Comprender ingresos, gastos, contratos, deuda y productos financieros aumenta la capacidad para tomar decisiones económicas propias.
El objetivo no es únicamente enseñar a ahorrar
ING quiere ampliar en 2026 los contenidos incorporados a estos programas.
La estrategia contempla cuatro grandes áreas:
- Salud financiera.
- Prevención del fraude.
- Capacidades digitales.
- Inversión adaptada a cada colectivo.
La selección refleja cómo ha evolucionado la relación entre educación financiera y tecnología.
Gestionar correctamente el dinero requiere hoy entender también dispositivos, aplicaciones, identidad digital y amenazas online.
La prevención del fraude entra en la educación financiera
Hace años, una formación financiera básica podía concentrarse en presupuesto, ahorro y crédito.
Hoy eso ya no resulta suficiente.
Una persona puede gestionar correctamente su presupuesto y perder parte de sus ahorros mediante una suplantación o una estafa online.
Por ello, prevenir el fraude se está convirtiendo en una competencia financiera básica.
Reconocer una comunicación falsa.
No compartir códigos de autenticación.
Verificar el destinatario de una transferencia.
Y comprender qué información nunca debería solicitar una entidad son conocimientos cada vez más relevantes.
La banca está dedicando más recursos a la alfabetización digital
Esta tendencia se observa también en otras iniciativas del sector.
En TerritorioFintech hemos analizado cómo la expansión de los pagos inmediatos está haciendo todavía más importante la relación entre velocidad, confianza y seguridad.
Cuanto más sencillo resulta mover dinero, mayor importancia adquiere saber cuándo una operación es legítima y cuándo puede existir un intento de fraude.
Las capacidades digitales condicionan también el acceso financiero
Una parte creciente de los servicios financieros se presta mediante aplicaciones.
Eso genera ventajas en velocidad y disponibilidad.
Pero también puede crear una barrera para quienes no disponen de suficiente familiaridad con la tecnología.
Saber instalar una aplicación, realizar una autenticación, consultar documentación o utilizar una herramienta online puede condicionar la capacidad de acceder a determinadas soluciones financieras.
Por ello, ING incorpora también formación digital a su enfoque de bienestar financiero.
La inclusión financiera ya no depende únicamente de tener una cuenta
Durante años, inclusión financiera significó principalmente garantizar que las personas pudieran acceder a servicios bancarios básicos.
En un entorno digital, la definición necesita ampliarse.
Disponer formalmente de una cuenta tiene poca utilidad si el usuario no sabe utilizar las herramientas mediante las que se gestiona.
En TerritorioFintech hemos abordado esta cuestión al analizar cómo el acceso a una cuenta de pago básica forma parte de la inclusión financiera.
La siguiente capa consiste en garantizar que las personas puedan desenvolverse dentro de un sistema financiero cada vez más digital.
El bienestar financiero también implica reducir estrés
Uno de los objetivos expresamente asociados al nuevo territorio es reducir el estrés financiero.
La incertidumbre sobre si habrá suficiente dinero para afrontar el próximo mes puede afectar considerablemente al bienestar personal.
El conocimiento financiero no elimina por sí solo una situación económica complicada, pero puede ayudar a aumentar el control sobre las decisiones disponibles.
Saber qué se debe, cuándo vence una cuota o cuánto se gasta realmente permite pasar de una percepción difusa del problema a una visión más estructurada.
Tener control puede ser tan importante como tener más ingresos
Dos personas con ingresos similares pueden experimentar situaciones financieras muy distintas dependiendo de sus gastos, deuda y capacidad de planificación.
El bienestar financiero no depende únicamente de cuánto dinero entra.
También de cómo se organiza.
Esto explica el interés creciente por herramientas de categorización de gastos, presupuestos digitales y alertas.
La tecnología puede facilitar ese seguimiento siempre que el usuario comprenda la información que recibe.
La inversión aparece como una fase posterior
ING prevé incorporar también contenidos sobre inversión adaptados a las características de cada colectivo.
La elección del término “adaptada” resulta relevante.
No todas las personas se encuentran en la misma situación financiera ni deberían asumir el mismo nivel de riesgo.
Antes de invertir puede ser necesario estabilizar las finanzas, reducir determinada deuda o construir una reserva para emergencias.
La inversión debería formar parte de una planificación y no convertirse automáticamente en el primer objetivo.
España mantiene una fuerte brecha entre ahorro e inversión
Esta cuestión conecta además con otro de los grandes retos financieros del país.
Muchos hogares consiguen ahorrar, pero una parte considerable mantiene ese dinero fuera de los mercados.
La aversión al riesgo y la falta de conocimientos aparecen recurrentemente entre las principales barreras.
La educación financiera puede contribuir a que quienes disponen de capacidad de ahorro comprendan mejor las alternativas disponibles sin convertir esa formación en una recomendación automática de invertir.
Entender el riesgo es tan importante como entender la rentabilidad
Una buena formación en inversión no debería comenzar mostrando qué productos han generado mayores rendimientos.
Debería empezar explicando qué puede salir mal.
Volatilidad.
Pérdida de capital.
Horizonte temporal.
Diversificación.
Liquidez.
Costes.
Solo después tiene sentido analizar las posibles rentabilidades.
La educación financiera debe ayudar a equilibrar ambas partes de la ecuación.
Los jóvenes son uno de los colectivos con mayor necesidad de acompañamiento
Las nuevas generaciones tienen acceso a herramientas financieras mucho antes que en décadas anteriores.
Desde un smartphone pueden abrir cuentas, utilizar Bizum, comprar activos o solicitar financiación.
La facilidad técnica no significa necesariamente que comprendan todos los riesgos.
TerritorioFintech ha analizado cómo está cambiando la relación de los jóvenes con el dinero, la banca y las FinTech.
El reto consiste en conseguir que el acceso a más herramientas vaya acompañado de mejores capacidades para utilizarlas.
La educación financiera necesita adaptarse a diferentes públicos
Un único curso genérico difícilmente puede cubrir las necesidades de toda la población.
Una persona joven que busca empleo.
Una mujer que intenta desarrollar autonomía económica.
Un emprendedor.
Un profesional social.
O una familia endeudada parten de situaciones diferentes.
Los programas agrupados bajo Bienestar Financiero intentan adaptar contenidos y herramientas a cada uno de estos perfiles.
El voluntariado corporativo amplía el papel de los empleados
La participación de más de 400 profesionales de ING añade otra dimensión.
Los empleados no actúan únicamente dentro de las funciones habituales del banco, sino que participan directamente en programas sociales y educativos.
Este tipo de voluntariado permite aprovechar conocimientos profesionales que ya existen dentro de la organización.
El desafío está en trasladarlos de una manera comprensible y útil para personas que pueden no estar familiarizadas con el lenguaje financiero.
La educación financiera funciona cuando cambia comportamientos
Completar una formación no garantiza por sí mismo una mejora económica.
El impacto aparece cuando los conocimientos se convierten en decisiones.
Preparar un presupuesto.
Crear una reserva.
Revisar una deuda.
No caer en un fraude.
Buscar empleo.
O comprender mejor una inversión.
Por ello, medir únicamente el número de participantes proporciona una imagen incompleta.
Los indicadores relacionados con inserción laboral, autonomía o aplicación de conocimientos intentan evaluar cambios posteriores.
Los resultados comunicados por ING son datos internos
Conviene introducir una precisión metodológica.
Las cifras de impacto del 70%, 96%, 92% y 99% proceden de datos internos de la propia entidad.
No representan necesariamente evaluaciones externas independientes ni pueden trasladarse automáticamente a cualquier programa de educación financiera.
Sirven, en cambio, para conocer cómo ING mide actualmente el impacto de sus propias iniciativas.
Bienestar Financiero será también una marca paraguas
Desde una perspectiva estratégica, el lanzamiento permite además ordenar bajo una misma identidad programas que hasta ahora podían percibirse de forma independiente.
“Bienestar Financiero” funciona así como una marca paraguas.
Faro, Crea, Progresa o Generation Unlimited mantienen sus objetivos concretos, pero pasan a formar parte de un relato común alrededor de la relación de las personas con su dinero.
El banco quiere extender los programas durante 2026
Tras los resultados obtenidos, ING prevé ampliar el alcance hacia nuevas localizaciones durante 2026.
La expansión incorporará además contenidos nuevos relacionados con fraude, digitalización, salud financiera e inversión.
La evolución refleja cómo el concepto de educación financiera está dejando de concentrarse exclusivamente en productos bancarios.
Se acerca cada vez más a una formación transversal para desenvolverse dentro de la economía digital.
Del presupuesto a la inversión, pasando por el empleo y la ciberseguridad
La amplitud del nuevo marco puede resumirse mediante una secuencia.
Primero, generar o estabilizar ingresos.
Después, controlar gastos.
Crear capacidad de ahorro.
Protegerse frente al fraude.
Mejorar competencias digitales.
Y, cuando la situación lo permite, empezar a planificar objetivos de inversión.
Esta estructura evita reducir el bienestar financiero a una única métrica.
El reto será convertir formación en mejoras sostenibles
La nueva etapa de Bienestar Financiero deberá demostrar su capacidad para generar cambios que se mantengan en el tiempo.
Una persona puede aprender a elaborar un presupuesto durante un curso.
El verdadero resultado aparece cuando continúa utilizándolo meses después.
Puede aprender a reconocer un mensaje fraudulento.
El impacto se produce cuando esa habilidad evita posteriormente una estafa.
Puede conocer conceptos de inversión.
La utilidad aparece cuando es capaz de tomar una decisión más informada y compatible con su situación financiera.
La salud financiera se convierte en otra dimensión de la banca
Durante décadas, la relación entre banco y cliente estuvo centrada principalmente en productos.
Cuenta.
Tarjeta.
Préstamo.
Hipoteca.
Inversión.
La evolución de la banca digital está introduciendo progresivamente una capa adicional: ayudar al usuario a comprender mejor el conjunto de su situación financiera.
Esto puede mejorar la relación con el cliente, pero también exige evitar que la educación se convierta exclusivamente en una herramienta comercial.
La credibilidad dependerá de que los contenidos aporten utilidad con independencia de que terminen o no en la contratación de un producto.
ING amplía su apuesta por una educación financiera más práctica
Con “Bienestar Financiero”, ING intenta consolidar bajo una única estrategia programas que lleva desarrollando desde 2020 junto a organizaciones sociales, educativas y administraciones.
La entidad afirma que el conjunto de su acción social ha alcanzado a más de 6.500 personas en cinco ciudades y moviliza ya a más de 400 empleados voluntarios.
El siguiente paso será extender el alcance territorial e incorporar más contenidos sobre fraude, competencias digitales e inversión.
La propuesta parte de una concepción amplia del bienestar financiero.
No se trata únicamente de acumular más ahorro.
También de entender mejor el dinero, reducir incertidumbre, mejorar la empleabilidad, protegerse frente a riesgos y disponer de herramientas para planificar decisiones futuras.
En un contexto en el que una parte importante de los hogares afirma no poder ahorrar a final de mes, esa distinción resulta especialmente relevante.
Porque antes de preguntarse cómo conseguir una mayor rentabilidad, muchas personas necesitan resolver una cuestión anterior: cómo ganar control, seguridad y capacidad de decisión sobre sus propias finanzas.
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