El 63% de los españoles no invierte: el miedo al riesgo y la falta de conocimientos frenan el salto del ahorro a la inversión

España presenta una paradoja financiera: tres de cada cuatro hogares cuentan con ahorros, pero el 63% de los ciudadanos no invierte actualmente en productos financieros. Una encuesta de ING Research elaborada junto a Ipsos apunta a la aversión al riesgo y a la falta de conocimientos como las principales barreras, aunque casi cuatro de cada diez no inversores aseguran que podrían dar el paso en el futuro.
Ahorrar e invertir son dos comportamientos relacionados, pero no equivalentes.
Una persona puede acumular durante años dinero en una cuenta o depósito y, al mismo tiempo, mantener una exposición prácticamente inexistente a acciones, bonos, fondos de inversión u otros activos financieros.
Esta situación continúa siendo especialmente relevante en España.
Una nueva encuesta realizada por ING Research junto a Ipsos muestra que, aunque alrededor de tres de cada cuatro hogares españoles disponen de ahorro, el 63% de los ciudadanos no invierte actualmente en productos financieros.
El dato refleja una considerable distancia entre disponer de recursos económicos y estar dispuesto a asumir riesgo financiero para intentar obtener una rentabilidad a largo plazo.
Casi cuatro de cada diez no inversores podrían empezar a invertir
El estudio muestra, sin embargo, que la situación no es necesariamente permanente.
Cerca de cuatro de cada diez españoles que actualmente no invierten afirman que podrían hacerlo en el futuro.
Esto sitúa a España entre los mercados europeos con un volumen especialmente relevante de potenciales nuevos inversores.
La oportunidad se concentra además en buena medida entre las generaciones más jóvenes.
Los españoles de entre 25 y 44 años muestran un interés elevado por construir patrimonio a largo plazo, según los resultados de la encuesta.
El desafío está en transformar esa predisposición en decisiones financieras reales.
Ahorrar no significa necesariamente estar preparado para invertir
Disponer de dinero reservado es una condición importante antes de plantearse muchas inversiones, pero no implica automáticamente que una persona quiera trasladarlo a los mercados.
Existen diferencias relevantes entre ambos conceptos.
El ahorro suele priorizar:
- Liquidez.
- Disponibilidad inmediata del dinero.
- Menor volatilidad.
- Protección frente a gastos inesperados.
La inversión introduce normalmente un horizonte diferente.
Puede buscar aumentar el patrimonio a largo plazo, pero implica aceptar algún nivel de incertidumbre y, dependiendo del activo elegido, la posibilidad de sufrir pérdidas.
Por ello, mantener parte del patrimonio en efectivo, cuentas o depósitos no es necesariamente una decisión incorrecta.
La cuestión está en determinar qué proporción resulta adecuada para las necesidades y objetivos de cada persona.
El 56% de los no inversores señala el riesgo como principal barrera
La explicación más frecuente para mantenerse fuera de los mercados es precisamente el miedo a perder dinero.
Según la encuesta, el 56% de los españoles que no invierten identifica la aversión al riesgo como uno de los principales obstáculos.
El dato permite entender por qué disponer de ahorro no se traduce automáticamente en comprar productos financieros.
Para muchas personas, mantener 10.000 euros estables en una cuenta puede resultar psicológicamente más cómodo que observar cómo una cartera valorada inicialmente en 10.000 euros pasa temporalmente a valer 9.000.
Incluso aunque el objetivo de esa inversión sea de largo plazo.
Dos de cada tres prefieren seguridad aunque implique menos rentabilidad
Esta cautela aparece también cuando se pregunta a los participantes qué priorizan al elegir una alternativa financiera.
Aproximadamente dos de cada tres españoles prefieren una opción considerada más segura aunque su rentabilidad potencial sea inferior.
Esta preferencia ayuda a explicar el peso histórico que productos como cuentas, depósitos o vivienda han mantenido dentro del patrimonio de los hogares españoles.
La relación entre riesgo y rentabilidad resulta, por tanto, central para comprender el comportamiento inversor.
El 43% reconoce que le faltan conocimientos para invertir
La segunda gran barrera no está relacionada directamente con el dinero disponible.
Está relacionada con el conocimiento.
El 43% de los no inversores afirma no disponer de suficientes conocimientos para sentirse cómodo dando el paso.
Esto convierte la educación financiera en una de las variables fundamentales para ampliar la participación de los hogares en los mercados.
Una persona que no comprende qué diferencia existe entre una acción, un bono, un ETF o un fondo de inversión tiene muchas más dificultades para valorar correctamente sus riesgos.
La complejidad percibida puede ser tan importante como la complejidad real
Los productos financieros utilizan además un vocabulario que puede resultar poco accesible para quienes nunca han invertido.
Volatilidad.
Diversificación.
Duración.
Renta fija.
Renta variable.
TER.
TAE.
Plusvalías.
Liquidez.
Estos conceptos son habituales para un inversor experimentado, pero pueden crear una barrera considerable para quien intenta comenzar.
En TerritorioFintech hemos recopilado muchos de estos conceptos en nuestro glosario de términos FinTech y financieros, precisamente para facilitar la comprensión de un ecosistema que utiliza cada vez más terminología especializada.
El problema no se resuelve animando a todo el mundo a asumir más riesgo
Reducir la brecha entre ahorro e inversión no debería interpretarse como la necesidad de que todo el dinero disponible pase automáticamente a los mercados.
Cada producto cumple una función diferente.
Un fondo de emergencia necesita normalmente características distintas a un capital destinado a la jubilación dentro de treinta años.
El primero puede requerir elevada liquidez y baja volatilidad.
El segundo puede tolerar determinadas fluctuaciones si existe un horizonte temporal suficientemente amplio.
La educación financiera sirve precisamente para comprender estas diferencias y evitar tanto una aversión absoluta al riesgo como una exposición excesiva.
España mantiene una fuerte preferencia por la vivienda
Las preferencias de los españoles muestran también una característica especialmente marcada.
Cuando se pregunta qué activo creen que tendrá mayor potencial de rentabilidad durante los próximos diez años, la vivienda destinada al alquiler ocupa la primera posición.
El 45% de los encuestados españoles la identifica como la alternativa con mejores perspectivas.
La percepción refleja el papel cultural y patrimonial que el inmueble continúa desempeñando en España.
Para muchos españoles, invertir sigue significando comprar una vivienda
El concepto de inversión no se limita a los mercados financieros.
Durante décadas, una parte considerable de los hogares españoles ha utilizado la vivienda como principal vehículo para construir patrimonio.
Comprar un inmueble combina varias características valoradas por muchos inversores particulares.
Es un activo tangible.
Puede utilizarse directamente.
Puede generar ingresos mediante alquiler.
Y su precio resulta menos visible en el día a día que el de una acción cotizada.
Esa última característica puede influir también en la percepción de riesgo.
Una vivienda también tiene riesgos aunque su precio no aparezca cada segundo
La ausencia de una cotización diaria visible no significa que un inmueble carezca de riesgo.
Existen costes de mantenimiento.
Impuestos.
Periodos sin inquilino.
Riesgo de impago.
Costes de compraventa.
Concentración patrimonial.
Y cambios en el valor del activo.
La diferencia es que esas fluctuaciones son mucho menos visibles que las de los mercados cotizados.
Una acción puede mostrar una caída del 5% inmediatamente en una aplicación, mientras una vivienda no proporciona una valoración exacta cada minuto.
En Europa, el oro ocupa la primera posición
La preferencia española por la vivienda contrasta con los resultados agregados de otros países analizados.
En el conjunto europeo estudiado, el oro aparece como el activo al que los consumidores atribuyen mayor potencial de rentabilidad durante la próxima década.
Esta diferencia muestra cómo las preferencias financieras dependen también de factores culturales y de experiencias históricas.
Distintos países pueden tener percepciones muy diferentes sobre qué constituye una inversión segura o atractiva.
Vivienda y oro comparten una característica: son fáciles de visualizar
Existe además un elemento común entre ambas preferencias.
Tanto una vivienda como el oro son activos tangibles.
El inversor puede entender intuitivamente qué está comprando.
Este componente puede contribuir a generar una sensación de seguridad que determinados instrumentos financieros más abstractos no proporcionan inicialmente.
Una participación en un fondo diversificado puede representar cientos o miles de empresas, pero comprender esa estructura exige un cierto conocimiento previo.
La confianza continúa siendo fundamental
La encuesta muestra también que los españoles mantienen una mayor confianza en los asesores profesionales que en las recomendaciones generadas mediante inteligencia artificial cuando se trata de inversión.
El resultado resulta especialmente relevante en un momento en el que la IA empieza a incorporarse a aplicaciones financieras y plataformas de inversión.
La disponibilidad tecnológica no elimina la necesidad de generar confianza.
Especialmente cuando una decisión puede afectar directamente al patrimonio de una persona.
Una IA puede explicar una inversión, pero eso no la convierte automáticamente en asesor financiero
Los modelos de inteligencia artificial pueden ayudar a explicar conceptos, resumir documentación o comparar características generales.
Pero una recomendación personalizada de inversión incorpora cuestiones relacionadas con situación patrimonial, horizonte temporal, objetivos y tolerancia al riesgo.
Además, los modelos pueden producir información incorrecta.
Por ello, la capacidad de la IA para democratizar información financiera tendrá que avanzar acompañada de transparencia, controles y una delimitación clara entre educación y asesoramiento.
Los españoles empiezan a pensar más en el largo plazo
El estudio detecta simultáneamente una mayor conciencia sobre la importancia de planificar el futuro financiero.
La jubilación aparece como uno de los ámbitos donde esa planificación resulta especialmente relevante.
Ahorrar para objetivos de varias décadas obliga a plantearse qué ocurre con el poder adquisitivo del dinero durante periodos prolongados.
Es precisamente aquí donde aparece uno de los principales argumentos a favor de considerar diferentes alternativas financieras.
Mantener el dinero sin invertir tampoco elimina todos los riesgos
Una cuenta puede reducir considerablemente determinados riesgos de mercado.
Pero mantener todo el patrimonio permanentemente en efectivo introduce otro riesgo: la pérdida de poder adquisitivo provocada por la inflación.
Si los precios aumentan con el tiempo y el dinero obtiene una rentabilidad inferior, la cantidad nominal permanece prácticamente igual mientras la cantidad de bienes que puede comprarse con ella disminuye.
Esto no significa que el efectivo carezca de utilidad.
Significa que seguridad nominal y conservación del poder adquisitivo son conceptos diferentes.
La rentabilidad de los depósitos ha devuelto atractivo al ahorro conservador
La evolución de los tipos de interés durante los últimos años ha permitido además que los productos conservadores vuelvan a ofrecer remuneraciones más visibles.
En TerritorioFintech hemos seguido diferentes ofertas de cuentas remuneradas y depósitos que compiten precisamente por captar el ahorro de los hogares.
Estos productos pueden resultar adecuados para determinados objetivos, especialmente cuando se priorizan liquidez o preservación de capital.
Pero su función dentro de una planificación financiera no tiene por qué ser la misma que la de una cartera destinada a construir patrimonio durante varias décadas.
Europa intenta movilizar más ahorro hacia inversión
La brecha no es exclusivamente española.
Europa mantiene tradicionalmente una proporción importante del patrimonio financiero de los hogares en depósitos y efectivo en comparación con mercados como Estados Unidos.
En los últimos años, los hogares europeos han ido aumentando su exposición a acciones, bonos y fondos de inversión.
Sin embargo, ING Research considera que todavía existe una cantidad considerable de ahorro que podría movilizarse hacia inversiones de largo plazo.
ING calcula un escenario hipotético de 1,17 billones de euros
Uno de los cálculos más llamativos del análisis de ING intenta cuantificar ese coste de oportunidad.
Según sus estimaciones, si desde 2002 los hogares europeos hubieran destinado a fondos de inversión solamente una cuarta parte del dinero adicional que dirigieron hacia depósitos, su patrimonio habría sido aproximadamente 1,17 billones de euros superior en 2025.
La cifra equivaldría al 7,4% del PIB de la zona euro.
Es importante interpretar correctamente este dato.
No representa dinero que los hogares hayan perdido efectivamente ni demuestra que cualquier fondo habría producido ese resultado.
Es una estimación contrafactual de ING Research basada en un escenario alternativo de asignación del ahorro.
Las rentabilidades pasadas no convierten un escenario alternativo en una garantía futura
Comparar depósitos con activos financieros durante un periodo histórico puede mostrar diferencias relevantes de rentabilidad.
Pero los resultados dependen del periodo, del producto elegido, de los costes y del riesgo asumido.
Una mayor rentabilidad esperada suele estar acompañada por una mayor incertidumbre.
Por ello, utilizar la comparación para ilustrar un coste de oportunidad puede ser útil, pero no debe interpretarse como una promesa sobre lo que ocurrirá durante las próximas décadas.
Europa busca convertir al ahorrador en inversor
La movilización del ahorro doméstico se ha convertido en una cuestión cada vez más importante para Europa.
Una mayor participación de los hogares en los mercados puede proporcionar capital para empresas y proyectos, al mismo tiempo que amplía las alternativas disponibles para construir patrimonio.
Pero conseguirlo requiere resolver varias barreras simultáneamente.
Educación financiera.
Confianza.
Costes.
Simplicidad.
Protección del inversor.
Y acceso a productos comprensibles.
Las generaciones jóvenes pueden acelerar el cambio
La encuesta de ING Research destaca especialmente el interés mostrado por las generaciones más jóvenes.
Los ciudadanos de entre 25 y 44 años presentan una elevada predisposición hacia la construcción de patrimonio a largo plazo.
Esta tendencia coincide con una transformación más amplia en la relación entre jóvenes, banca e inversión.
Las nuevas generaciones disponen de acceso inmediato a brokers, aplicaciones financieras, contenidos educativos y herramientas que hace dos décadas eran mucho menos accesibles.
En TerritorioFintech hemos analizado cómo los jóvenes están cambiando su forma de organizar el dinero y relacionarse con la banca y las FinTech.
Invertir desde una app es fácil; entender qué se compra sigue siendo necesario
La reducción de las barreras tecnológicas ha permitido abrir una cuenta de inversión en pocos minutos.
Comprar un ETF o una acción puede requerir apenas unos toques sobre una pantalla.
Pero simplificar la ejecución no elimina la necesidad de comprender el producto.
La facilidad operativa puede incluso generar una falsa sensación de sencillez.
La inversión continúa requiriendo entender riesgo, diversificación, costes y horizonte temporal.
La diversificación es una de las ideas básicas que todavía necesita explicarse mejor
Una de las diferencias fundamentales entre ahorrar e invertir está en cómo se gestiona la incertidumbre.
Concentrar todo el capital en un único activo puede exponer al inversor a un riesgo muy específico.
Diversificar consiste en distribuir la exposición entre diferentes activos, sectores, regiones o instrumentos para evitar que toda la cartera dependa de un único resultado.
Esto no elimina las pérdidas.
Pero puede reducir la dependencia respecto a un solo activo.
La educación financiera permite comprender por qué asumir riesgo no significa necesariamente apostar todo a una única inversión.
La vivienda española plantea precisamente un problema de concentración
La preferencia por el inmueble puede generar una elevada concentración patrimonial.
Para muchas familias, una vivienda representa una parte muy significativa de su riqueza total.
Esto crea exposición a un único mercado y, además, a una ubicación geográfica concreta.
Los activos financieros permiten construir exposiciones más diversificadas con cantidades mucho menores.
Ambos modelos tienen características, costes y riesgos diferentes.
La educación financiera debería empezar antes de tener capital para invertir
Esperar a disponer de una cantidad importante de ahorro para aprender cómo funcionan los mercados puede resultar poco eficiente.
Conceptos como inflación, interés compuesto, diversificación o relación entre riesgo y rentabilidad pueden comprenderse mucho antes.
La educación financiera debería proporcionar herramientas para que, cuando aparezca capacidad de ahorro, la persona pueda decidir qué hacer con ella.
No necesariamente para empujarla hacia una inversión concreta.
Sino para que comprenda las alternativas existentes.
España tiene mucho ahorro potencialmente movilizable
La combinación de los datos del estudio dibuja una oportunidad considerable.
Una elevada proporción de hogares dispone de ahorro.
El 63% todavía no invierte.
Y cerca de cuatro de cada diez personas dentro de ese grupo afirma que podría hacerlo en el futuro.
El mercado potencial existe.
La dificultad está en generar suficiente confianza para convertir interés en participación.
El sector financiero compite ahora por convertir depósitos en inversión
Bancos, neobancos, brokers y gestores están ampliando sus productos de inversión precisamente para captar esta transición.
Fondos indexados.
ETFs.
Robo-advisors.
Planes de inversión periódica.
Carteras gestionadas.
Y servicios de asesoramiento digital.
La tecnología ha permitido reducir mínimos de entrada y simplificar muchos procesos.
La próxima barrera puede ser menos tecnológica y más educativa.
Una buena experiencia de usuario no sustituye a una buena decisión financiera
Que invertir sea sencillo desde el móvil no implica que cualquier inversión sea adecuada.
La facilidad de contratación debería ir acompañada de información comprensible sobre riesgo, costes y características del producto.
El verdadero avance no consiste únicamente en permitir que más personas accedan a los mercados.
Consiste en que puedan hacerlo comprendiendo razonablemente las decisiones que toman.
La aversión al riesgo puede ser racional
El 56% que señala el riesgo como barrera tampoco debe interpretarse automáticamente como un problema que deba eliminarse.
La tolerancia al riesgo depende de la situación personal.
Una persona con ingresos inestables, poco ahorro y gastos próximos puede tener buenos motivos para mantener gran parte de su capital en instrumentos conservadores.
Otra con un horizonte de treinta años puede considerar una distribución diferente.
La educación financiera no debería convencer a todo el mundo de asumir más riesgo.
Debería permitir que cada persona entienda cuánto riesgo puede asumir y por qué.
El 43% que reconoce falta de conocimientos señala dónde existe margen de mejora
Esta segunda barrera ofrece una lectura distinta.
No conocer suficientemente los mercados sí puede impedir que una persona evalúe correctamente sus opciones.
En este ámbito existe margen para instituciones, bancos, medios y plataformas educativas.
Explicar conceptos de forma clara puede reducir una barrera sin necesidad de recomendar ningún producto específico.
La gran transición será pasar de ahorrar por defecto a elegir conscientemente
El objetivo no debería ser sustituir automáticamente los depósitos por mercados financieros.
Debería ser que los consumidores sepan por qué mantienen cada parte de su patrimonio en un determinado instrumento.
Dinero para emergencias.
Ahorro para una compra próxima.
Capital para vivienda.
Inversión para objetivos de largo plazo.
Planificación de la jubilación.
Cada objetivo puede requerir una estrategia diferente.
España ahorra, pero todavía existe una gran distancia hasta la inversión
El estudio de ING Research e Ipsos refleja una característica estructural de las finanzas personales españolas.
Existe capacidad de ahorro, pero una parte considerable permanece fuera de los mercados.
El 63% de los ciudadanos no invierte actualmente, pese a que tres de cada cuatro hogares disponen de ahorro.
La principal barrera es el riesgo, señalado por un 56% de los no inversores.
La segunda es el conocimiento, con un 43%.
Al mismo tiempo, casi cuatro de cada diez personas que actualmente no invierten contemplan hacerlo más adelante.
La oportunidad para el sector financiero resulta considerable, pero el dato más importante puede estar precisamente en cómo se consiga materializar.
Transformar ahorradores en inversores no debería consistir simplemente en hacer más fácil pulsar el botón de “comprar”.
Requiere ayudar a comprender qué se compra, qué riesgo implica, qué objetivo persigue y durante cuánto tiempo puede mantenerse la inversión.
España mantiene además una fuerte preferencia por la vivienda, mientras otros mercados europeos señalan el oro como el activo con mejores perspectivas para la próxima década.
Las diferencias demuestran que las decisiones financieras no dependen únicamente de rentabilidades históricas.
También están determinadas por cultura, confianza, experiencia y percepción del riesgo.
La gran oportunidad, por tanto, no está simplemente en movilizar más dinero hacia los mercados, sino en conseguir que una mayor parte de los ciudadanos pueda tomar decisiones informadas sobre cómo combinar ahorro, inversión, liquidez y riesgo a lo largo de su vida financiera.
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