El e-commerce de América Latina debe potenciar a clientes con cuenta corriente pero sin tarjeta

Tener una cuenta bancaria no significa poder comprar en internet. En América Latina, esa brecha sigue siendo un problema estructural para el comercio electrónico, y un puñado de empresas está construyendo los carriles alternativos que pueden cerrarla.
Lo que está pasando. Cerca del 26% de los adultos en la región seguía sin cuenta bancaria en 2021, según los datos disponibles. Pero el verdadero freno al e-commerce no es ese porcentaje: es la enorme masa de personas que sí están bancarizadas pero no tienen tarjeta de crédito. Para ellas, pagar online ha sido históricamente imposible o muy engorroso. Las soluciones de pagos alternativos —transferencias instantáneas, vouchers en efectivo, QR y open banking— están cambiando esa ecuación.
Los actores que importan. En este ecosistema conviven dos tipos de infraestructura. Está la infraestructura de open banking. El pago por transferencia de Prometeo conecta con bancosque representan alrededor del 80% de la cuota de mercado en Colombia, Perú y Ecuador, y ofrece una API de pagos que permite transferencias automatizadas entre instituciones sin pasar por ningún rail de tarjetas. Es el modelo pay-by-bank en su versión más pura: el dinero va directo de la cuenta del comprador a la del vendedor, con menos fricción y menores costes de conciliación.
Por otro lado, los gateways y agregadores de métodos locales: EBANX integra desde el boleto bancário brasileño hasta OXXO en México, PSE en Colombia o Rapipago en Argentina, y permite que un comercio global acepte docenas de métodos sin construir cada integración por separado. dLocal opera con una lógica similar pero con un foco más amplio en mercados emergentes, compitiendo especialmente donde la penetración de tarjetas es baja. PagSeguro, a través de BoaCompra, ofrece más de 140 métodos en la región, incluyendo vouchers que el usuario genera online y paga en una tienda o app bancaria.
Redes como D24 llevan ese modelo aún más lejos: convierten una orden de compra en un código que el cliente liquida en 7-Eleven, OXXO o cualquier farmacia de su barrio, convirtiendo efectivo físico en transacción digital para el comercio.
Por qué importa. La distinción entre ambas capas no es solo técnica. Los gateways resuelven el problema del consumidor final para que pueda pagar como le resulta natural en su país. La infraestructura de open banking como Prometeo resuelve el problema del comercio y la fintech, que cobrar sea más barato, más rápido y más trazable. Los dos enfoques no compiten, se complementan en distintos puntos de la cadena de valor.
El e-commerce regional que quiera crecer más allá de los usuarios con Visa o Mastercard necesita entender que PIX, SPEI, PSE y los vouchers no son soluciones de nicho. Son los carriles principales para cientos de millones de personas que ya tienen dinero en el banco y están dispuestas a gastarlo, si alguien les da la posibilidad de hacerlo.






