Cobrar desde Bali y vivir en Madrid: ser nómada digital no te libra de Hacienda

Un portátil, buena conexión y clientes repartidos por el mundo: esa es la postal del nómada digital. La realidad incluye también visados, impuestos, Seguridad Social y cuentas bancarias. Trabajar desde cualquier lugar es un estilo de vida; residir legalmente y tributar correctamente son cuestiones distintas.
Qué es realmente un nómada digital
No existe una definición mundial única. La OCDE lo relaciona con personas que obtienen ingresos activos por cuenta propia o ajena y utilizan la tecnología para residir temporalmente fuera de su país habitual. No basta con teletrabajar un viernes ni es sinónimo de influencer o emprendedor.
En España, la Ley 28/2022 creó una vía para nacionales de países terceros que trabajan a distancia para empresas situadas fuera del país. El empleado solo puede hacerlo para compañías extranjeras; el profesional autónomo puede facturar a clientes españoles siempre que esa actividad no supere el 20% del total.
Por tanto, “nómada digital” describe una forma de trabajar, mientras que “teletrabajador de carácter internacional” es la figura que emplea la normativa española. Una persona puede encajar en la primera idea y no cumplir los requisitos de la segunda. También puede trabajar a distancia desde España sin ser nómada si ya tiene derecho de residencia por otra vía.
Visado, experiencia y empresa real
El solicitante debe acreditar una titulación admitida o al menos tres años de experiencia. La empresa extranjera ha de llevar un mínimo de un año en actividad y la relación laboral o profesional debe existir desde tres meses antes. El visado alcanza hasta un año; la autorización de residencia, hasta tres, con renovaciones de dos años si se mantienen los requisitos. La guía oficial de Inclusión detalla documentación y supuestos.
También deben acreditarse recursos económicos, antecedentes y cobertura sanitaria en los términos aplicables. En materia de Seguridad Social, el origen del trabajador y la existencia de un convenio internacional pueden cambiar el procedimiento. No conviene asumir que una póliza de viaje o seguir pagando cuotas en el país de origen resuelve automáticamente la situación.
Los ciudadanos de la UE, el EEE o Suiza no necesitan este visado, aunque sí deben registrarse cuando corresponda. En todos los casos hay que revisar cobertura sanitaria, cotizaciones y si el contrato permite trabajar desde otro país. Para una empresa, autorizar el traslado sin analizarlo puede generar riesgos laborales, fiscales y de protección de datos.
Los 183 días no cuentan toda la historia fiscal
La Agencia Tributaria considera, entre otros criterios, permanecer más de 183 días durante el año natural o tener en España el núcleo principal de intereses económicos. Para computar el tiempo pueden tenerse en cuenta ausencias esporádicas, salvo que se acredite residencia fiscal en otro país. Además, existe una presunción vinculada al lugar donde residen el cónyuge no separado legalmente y los hijos menores dependientes.
Obtener el visado no concede automáticamente el régimen especial de impatriados: este tiene requisitos propios y debe solicitarse. Si dos países consideran residente a la misma persona, entran en juego el convenio para evitar la doble imposición que corresponda y sus reglas de desempate. La nacionalidad, el domicilio administrativo y la residencia fiscal pueden apuntar a lugares diferentes.
Facturar desde una playa sigue siendo facturar
El autónomo debe ordenar contratos, facturas, gastos y justificantes como cualquier profesional. Cobrar mediante una plataforma extranjera no vuelve invisible el ingreso, y recibir dólares o libras añade comisiones y riesgo de tipo de cambio. También conviene revisar los límites de la cuenta, el coste de las transferencias y qué protección se aplica al saldo.
Un profesional puede necesitar una cuenta online para su actividad, revisar si su proveedor ofrece IBAN español —como explicamos al analizar el IBAN nacional de Trade Republic— y comprobar si debe presentar el modelo 720 por bienes en el extranjero. El uso de una cuenta española puede simplificar cobros y recibos, pero no determina por sí solo dónde se tributa.
Conclusión: libertad geográfica, obligaciones reales
El nomadismo digital abre oportunidades, pero no convierte el trabajo en fiscalmente invisible. Antes de mudarse conviene separar cuatro preguntas: derecho a residir, permiso para trabajar, cotización y residencia fiscal. Un buen Wi-Fi resuelve reuniones; no resuelve una doble imposición.
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